LAS HIJAS DE LA CARIDAD
DE SAN VICENTE DE PAÚL

SERVICIO DE PROYECTOS INTERNACIONALES

EXPERIENCIA

“La Caridad de Jesucristo crucificado que anima e inflama el corazón de la Hija de la Caridad, la apremia a acudir al servicio de todas las miserias”. -Constituciones de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl


La mejor manera de entender la organización de las Hijas de la Caridad, consiste en compartir la experiencia vivida por las Hermanas que viven y trabajan en el mundo en desarrollo. Unidas entre ellas, las Hijas de la Caridad consagran su vida al servicio de los pobres. Relatos, videos, biografías y aun más, les ofrecerán una visión del mundo en el que viven las poblaciones locales y las Hermanas, y las luchas y la riqueza de su trabajo en colaboración. Verifique con frecuencia las nuevas puestas al día.


La historia de Esche: “Perdí la esperanza de vivir”.

La vida de Esche durante quince años con un marido soldado y cuatro hijos no era perfecta, pero tenía techo en un hogar alquilado y alimentos para los niños. Ese estilo de vida exiguo terminó hace cinco años cuando su esposo murió de SIDA y Esche quedó sin nada a los 35 años de edad. Sin ingresos ni destrezas, Esche y sus cuatro hijos tenían una existencia muy desdichada y vulnerable en las calles. Ella hacía lo que tenía que hacer y apenas vivía al día.

 

Esche habla sobre su vida en las calles: “No soñaba con mejorar mi vida… Consumíamos lo que conseguíamos. En general, perdí la esperanza de vivir”.


Finalmente, su propia salud se deterioró de forma severa y Esche apeló al programa del gobierno para Asuntos de la Mujer y el Niño, y fue referida al Laboratorio y Clínica de Santa María de las Hermanas de la Caridad en Addis Ababa, Etiopía. Junto con otras mujeres, recibió apoyo y entrenamiento sobre higiene y desinfección correctas, salud y vida digna. Describe que asistió a un curso de cinco días de Entrenamiento en habilidades empresariales que le cambió la manera de pensar y esencialmente la vida. Munida de sus nuevas habilidades, Esche recibió el financiamiento inicial para comprar materiales e inició su propio negocio. Se integró a una comunidad local de ahorro y préstamo. Finalmente, pudo comprarse su propia máquina de coser y ahora crea indumentaria cultural que vende en el gran mercado abierto “Merkato”.

 


Actualmente, a los 40 años, Esche tiene una vida saludable junto a sus hijos en su propio hogar y se siente orgullosa de poder pagarles el costo de la educación. La hija más pequeña está en jardín de infantes, hay dos en la escuela primaria y la hija mayor asiste a la Universidad de Addis Ababa.

 


“Ahora tengo un sueño y tengo esperanzas… ¡gracias a Dios!” exclama Esche.